HENRY HOLLAND (2)
10 de diciembre de 1813. Nuestro primer contacto con los piratas tuvo lugar a la mañana siguiente con la aparición de algunos hombres en la costa. Para empezar, vimos a dos hombres con peces en las manos que nos llamaban para mandarles una barca. Después aparecieron otros tres que, al parecer, se habían escondido detrás de unos arbustos en la costa.
Les tuvimos a la vista durante unos minutos y después desaparecieron. Al día siguiente continuó habiendo tormenta aunque de menor intensidad. A las diez de la mañana nos arriesgamos a desembarcar a tierra firme con una barca de la tripulación aunque tomando precauciones ante cualquier posible contrariedad. No fue necesario tomar precaución alguna pues sólo nos topamos con dos pastores cuya vestimenta y apariencia les daba aspecto de salvajes.
Parecían estar contentos de vernos y nos ofrecieron leche en un recipiente a cambio del pan que les dimos. Hablaban un extraño dialecto de la lengua griega. Nos contaron que su vida transcurría de forma monótona entre las islas del archipiélago, cuidando de sus ovejas y de sus viviendas.
Habían llegado a Saraceno hacía unos días, vivían entre varias islas en cuevas o cabañas hechas de piedras y madera. Nos informaron de que días antes los piratas habían pasado por ahí y que propablemente ahora se encontrasen en Skópelos. Les preguntamos sobre los hombres que habíamos visto en tierra firme y nos dijeron que no sabían nada.
La isla Saraceno, llamada Spalmador por nuestros marineros, es un islote alargado que se extiende de este a oeste. Tiene una longitud de 8 millas y una anchura de unos 2. El puerto, que está en la parte norte de la isla, forma una bahía cerrada que le protege de las rocas, y situado hacia el norte de Hiliodromi. Cerca de la costa hay una profundidad de 10, 15 y 20 brazas.
La profundidad entre las dos islas es de 20 a 50 brazas. El islote es de piedra calcárea de aspecto cristalino sin vestigios de restos orgánicos. El punto más alto de la isla está a unos 600 pies. Aunque el contorno de la isla es bastante profundo, la superficie es abrupta y cubierta de rocas entre las que crece el madroño y otro tipo de arbustos.
En esta época del año, el fruto del madroño está en plena madurez. Cargamos al barco una gran cantidad de este fruto el cual mezclado con leche de cabra y azúcar resulta un gran postre. Esto fue recibido con agrado por todos ya que los alimentos frescos que cargamos en Salónica se habían agotado.
Otro día de espera me dio la oportunidad de ir de excursión en barca junto con la tripulación a la parte occidental de la isla Hiliodromi donde, según nos dijeros los pastores, había un pequeño pueblo. En la barca había dos o tres marineros griegos, uno de los cuales era de Mistra.
Después de recorrer una distancia de 6 u 8 millas entre las dos islas, desembarcamos en la parte septentrional de la isla y caminamos 2 millas por un camino que daba al pueblo. Esta isla tiene una longitud de 20 millas aunque es muy estrecha. Es más alta que Saraceno. La tierra es de gran variedad y está cubierta de bellos bosques y arbustos.
Una gran parte de los estratos es de mármol blanco o amarillo. En muchas zonas de la playa he observado estratos calcáreos en las rocas, con conchas fosilizadas. En la orilla he encontrado muchas esponjas así como abundancia de la planta scilia maritima como ocurría en Saraceno.
El pueblo se encuentra en una colina en la parte occidental de la isla. Hay 150 casas, muchas de éstas sin habitar. Los lugareños abandonan la isla después de todas las calamidades sufridas por los piratas. Se alimentan principalmente de pescado y de la leche y carne de las cabras. En dos o tres lugares he observado tierras de cultivo, aradas en esta época por los agricultores.
Para este fin utilizaban bueyes como en la Grecia continental. He visitado a algunas de estas gentes, las cuales mostraron sorpresa al ver a un forastero vestido a la europea en su isla. Se dirigieron a mí de forma amable y me preguntaron si tenía tabaco.
Pero no pude complacer su deseo. Al regresar a Inglaterra me he enterado de que había tenido lugar un triste incidente en las costas de la isla Hiliodromi debido a un malentendido entre el capitán de un barco inglés y los habitantes de la isla. Se dice que muchos hombres de la tripulación del barco fueron asesinados durante un altercado.
Antes de abandoner la isla subí a un montículo desde donde se veía la costa del norte. Desde ahí había una vista excepcional de la parte oriental de Eubea y de la cadena montañosa, que formaba la parte central de la isla. La cima de las montañas estaba cubierta de nieve.
Gran parte de las islas del archipiélago se podía ver desde aquí. La isla Saraceno, Adelfi y otros islotes que la rodean se hallaban frente a mí. Skópelos está a poca distancia hacia el oeste. Hacia el sur se veía la pequeña isla de Skantzero.
Por detrás se podía otear la isla de Skiros. Detrás de Saraceno el mar se abre hacia la isla de Lesvos, aunque la distancia es tan grande que era imposible distinguir la costa.
Con respecto a la antigua geografía de estas islas existen inexactitudes y todavia no se ha determinado cuál de estas islas era Peparethos, Ikos y Alonissos, mencionadas por muchos de los autores clásicos. Si suponemos que Skópelos era la antigua Peparethos, entonces los nombres de Ikos y Alonissos deberían corresponder a Hiliodromi y Saraceno respectivamente. No obstante, esta suposición es dudosa.
A mi regreso al barco, me esperaba un pastor con su hijo. El hijo sufría desde hacía años de una enfermedad en los ojos y el padre quería pedirme consejo. Entró a mi camarote, inspeccionando con gran curiosidad lo que veía, riéndose torpemente, hecho que revelaba su ignorancia de hombre del campo. Tanto padre como hijo no habían visto nunca un reloj, provocándoles gran curiosidad y perplejidad.
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